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1959, Eleonora Finkelstein

Partamos por un close up

a esa foto tuya

que me habría encantado conservar

pero que se nos perdió de vista

con tantas mudanzas.

Era el 59 y andabas por la vida

con 59 de cintura.

Y usabas pantalones, claro

(aunque no se alcance a ver).

Y fumabas.

Ya sé que te ibas a divorciar

(aunque tampoco se alcance a ver).

Increíble, súper rubia, sentada y mirando a la cámara

con esos anteojos negros en forma de alas

Y  esa remera rayada tan op-art.

 

Esa es mi madre, pero no era mi madre todavía.

La cabeza apenas inclinada y echada hacia atrás.

Un poco de Marilyn, otro poco de las chicas del Che.

Y el tipo de atrás, con los ojos como platos

y la frente enorme.

El que no le saca la vista de encima,

ese, es el músico cubano.

–habría jurado que era Miles–.

 

Demasiada luz, demasiado foco,

un toque de revolución

contra la multitud de fondo

(apenas linda, algo fea)

desdibujada de solo mirarte.

 

Y la risa, la risa inolvidable.

Por favor, no te burles de mí:

esa única imagen entre todas

es un lugar donde volver,

más allá de los muros,

de los idealistas a toda costa.

A medio camino y está bien:

entre el teatro y el partido.

Y más allá de las idas y las vueltas.

Del Sputnik , la máquina y el Beat.

Del Bebop y de Engels y de Marx.

Del “opio de los pueblos”  y tanto libro

y la Guerra Fría y Stanislavski y Elia Kazan.

 

Ahí estás, fija y perfecta, en esa vida eterna,

entre algunas referencias de aquel mundo

y un solo de trompeta ahogado,

que se va llevando la corriente

y nos deja sin batallas.

A medio camino y está bien.

Porque últimamente nadie sabe

dónde queda el horizonte y yo tampoco.

Aunque Dios, aún después de muerto,

es la fe de cada uno. Y está bien.

 

Eleonora Finkelstein es poeta y editora. Nació en Mar del Plata, Argentina, en 1960.

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POEMA A UN SOBRINO, Víctor López Zemelzu

Querido sobrino mi prima
me dijo que como soy poeta
que te escribiera algo hermoso
para tu cumpleaños número 15
y es que querido sobrino
odio escribir por obligación
y de verdad te quiero decir algo importante
pero no sé que es
y no quiero perder palabras
tengo treinta años y tu quince.
Ahora que lo pienso
nunca antes en Santiago
las hojas de los plátanos orientales
fueron tan rojas;
Nunca antes las nubes de marzo
tuvieron los dientes tan afilados
Treinta y tantos mil dientes afilados
y afuera lloviendo.
Querido sobrino a veces pienso
en el chico de tu edad
que desapareció en mí cuadra
y al que nunca encontraron
Aquel chico con el que yo jugaba futbol
A veces pienso en él
y tengo ganas de escribir cualquier cosa
de salir a bailar y perderme, que nadie me toque
y aunque lloro todos los días
como un personaje de las novelas
de Richard Yates
sé que todo algún día va a desaparecer
y no como en la película Armageddon
o el Día de la independencia
sino de una forma más silenciosa, más terrible
y es quizás por eso que no puedo dormir
y me levanto en la noche a mirar
los platos sucios en la cocina
tomo pastillas, recorro los pasillos limpios de un supermercado,
saco billetes nuevos del cajero
Así que sería falso si te dijera: !FELIZ CUMPLEAÑOS¡
si afuera se están matando
y no nos damos cuenta
(en este momento que te escribo quizás cuanta gente esta muriendo)
Quién te asegura que ellos no te van a matar a vos?
quién te asegura que no vas a terminar limpiando
las baldosas sucias de un mc donald?
o aspirando la misma mierda que aspiraba mi hermano?
quién te asegura que los vampiros
que viven afuera no te quiten tu sangre?
y es que no existen los viajes espaciales,
ni Van hellsing
estamos atrapados acá
y no en Crepúsculo, ni Luna nueva
ni en ninguna de esas mierdas que te gusta leer,
Y es que si no te has dado cuenta
todo lo que amas está muriendo
o está subiendo a un cielo sobre las escaleras mecánicas
de un centro comercial,
Así que vive, no le creas nada a nadie,
ni siquiera a la cara de placer
de la muchacha en esa porno
que ves por internet, esa muchacha que tuvo que viajar
por una oportunidad
a Estados Unidos desde el este de Europa,
de Kosovo,
atravesó con una mochila al hombro
todos los paisajes descritos por Sebald y Magris
y termino encerrada en una pieza de tres x dos
con una verga en el culo,
Y es que así es la vida,
somos animales triste bajo la lluvia ácida,
tenemos la remera manchada con kétchup
y es que todo lo que amamos está muriendo
Puedes imaginarte la tumba de Michael Jackson?
aunque yo nunca pensé que iba a morir,
pensaba que tenía en el sótano de su casa
una cámara criogénica,
que era eterno pero murió al igual que nuestra abuela
que oraba todos los días por el perdón de Dios
y su calavera yace ahora bajo seis metros bajo tierra
y es que estoy cansado, tengo treinta años y tu quince,
y todos los días sino escribo para mí son lo mismo
A veces pienso en ese chico de tu edad
que desapareció en mi cuadra
Quizás la policía lo mato,
quizás los traficantes.
Quién sabe?
Me tuve que demorar casi Treinta años,
Treinta años me tuve que demorar
cuando las nubes sobre mi cabeza
tenían dientes tan afilados y llovía,
Wittgenstein aquel invierno en que no cupo más en la lógica
de Cambridge construyo su pequeña cabaña en Noruega
a él no le gustaban las novelas policiales
& Jacques Reda
escondía cosas en su bolsillo, un pequeño espejo de mimbre
imitando al contrabandista que era Valery Larbaud
mirando de reojo a los oficiales de inmigración
Casi treinta años
me tuve que demorar
para darme cuenta querido sobrino
que de mañana todas las ciudades
son iguales, que Buenos aires
se abría ante mí como un minúsculo arco iris
furtivo…

Víctor López Zemelzu (Curacaví, Chile 1982)

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Éxodo, Frank Báez

Aguardaron a que se vaciaran las casas
para luego recogerlas y meterlas en sus maletas.
Descolgaron las nubes, la luna, las estrellas,
el tendido eléctrico con sus palomas,
los tinacos, los pájaros y las antenas.
Envolvieron el paisaje tropical
como si fuese un lienzo y lo empacaron todo
como si se tratase de un circo que se mueve a otra ciudad
esperanzados en volver a inflarlo,
levantarlo y clavarlo a martillazos
en algún descampado
de Nueva York o Barcelona.

 

Frank Báez, Santo Domingo. República Dominicana  (1978)
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LA PEQUEÑA MEMORIA

Sentir,

Como quien vuelve a su memoria

porque ha olvidado un secreto

que en su cuerpo de infancia

todavía lanza señales urgentes

-en un sonido o en el aroma

de los cuartos cerrados-

Sentir,

como quien anda solo por la noche

como quien duerme con sus ojos abiertos

con sus manos desprendiendo

las materias del mundo.

Con algo profundo que pesa en el corazón.

Con algo de aire enterrado

que busca una sombra donde refugiarse.

Sentir,

con la memoria.

 

Inés Posada, Medellín, Colombia. 

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Equis Balada, Parlantes 

Va a llover, va a llover, yo creo que va a llover.

Que me caiga un rayo entonces, así canto eléctrico, encalambrado,

como dicen que me mantengo.

Disco rayado, canto rayado, canto rodado… ¡A rotar planeta que te

mueve el canto!

Si llueve no importa, pues la brisa me seca, me caliento caminando y

cuando pegue el sol le digo: “¡Qué tal caballerazo!”.

Sin pisar la raya. Vamos por el surco del asfalto.

Está temprano —la ventaja de ser madrugador de la tribu—, así voy de

acá hasta Robledo y vuelvo, no por toda la 80 sino

callejiando entre los barrios.

Así me oyen mejor y hasta logro almuerzo… Una sopita de

fideos con aguacate, ¡qué rico!

Ah, pero vea pues, yo ya despaché la mañana.

¿Con cuál sigo?

Una de esas que solo oírlas y ya está uno de pelea, como

cuando hundía F7.

Pero suave, que me gasto la voz y falta mucho, se me rasga y

llego en harapos.

Bueno, ya está cajeta pero sigue pintando como pedazo de

ladrillo en la calle.

Mentiras, pero la lluvia borra eso y yo no creo que lo cantado se

olvide, no señor, esto es lo mío, a todo pulmón.

Que llueva.

Y no se borra lo cantado: en el aire queda.

Así es la cosa, señor, como dice Elvis, la música mueve por

dentro y por fuera.

Así es conmigo.

Público cantor, soy otros, soy judío errante que canta los pasos.

¿Que si no me da pena?

Pena le debería dar a tanto fingidor. ¡Cuál pena! ¡Si yo soy

viento nomás!

Me oyen llegar, la voz se mete por debajo de la puerta, se cuela

por el patio, llega a la sala, al comedor, a la cocina y desde allá

me contestan: “

Cantante, ¿quiere agüita?”.

Y me sacan agua las nenas: Zunilda, Rosario, Matilde, Ofelia.

¡Cómo nos queremos, mi club de fans!

El que quiera oír más que se asome, me persiga o espere otro

día mi gira interbarrial.

¡Uy!, mirá, ya voy por el parque de La Matea. ¿Qué será de don

Guillermo y de sus palomas? ¡Ah dicha una paletica de limón!

Me pinto la lengua y recuerdo a los viejos… Qué pesar, en ese

encierro, y yo con ellos, y mi abuela, pobre ella.

La gente va y le dice que estoy por la calle, cantando como loco.

Tranquila abuela, yo voy a dejar un coro, un conjuro para que

la gente se sienta bien, algo así como:

” La la, la lara la la la, la lara la la la, la lara la la…”.

Así vamos y es la cosa, yo soy aguja por el surco de la calle.

Y eso es mojando los tenis en este charco, bacán, porque si no

se le recalientan.

Los pisahuevos bien frescos.

Bueno, pasa ronda un afiche vivo, afiche del cantante

blanquiado por el sol.

Aguja por el surco de la ciudad.

Y el grano de la voz, el grano de la voz.

Cantando, ladran perros al paso del sol.

Mmm… ¡este viento sí es de agua!

Bueno, a ver ¿cuál nombre artístico tengo hoy?

Puma, Bravo, Dyango, Juan Gabriel, ¿ah?

Aunque, ¿cómo es que me dicen en la 79 con la 29A?

¡Perales! Perales, claro.

Allá siempre me espera ese gafufito que se asoma por el ventanal.

” Perales” me llama ese niño y se va acordar de mí, voy a ser eco.

Y los metaleros de Santa Gema también se van a acordar.

Entonces qué muchachos, ¿una foto? ¿Les firmo las chaquetas?

¡Uy!, de pronto sí llueve. Llueva, truene o relampaguee: Lado a y lado b sin pausa, sí señor.

Del único trueno que me da miedo es del que guarda ese tipo

tan maluco, ese cucho de la camioneta que se hace en el balcón.

Y ahí está, qué pereza.

Sale y me grita:

” Perdete-vicioso-loquito-vago”, ” Paisa, paisa, no fume bazuco”,

me grita el descarado ese, como

si la propaganda fuera para mí.

Pero nada, más entonado y una de amor.

 -Qué va, dejá cantar, Cabrón!

Cero miedo, no corrás Perales que es peor. Aguja por el surco

de la calle.

Va a llover, ay un trueno qué sonó?!

Parlantes, del disco: Todo esto eran Mangas 

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La vida como era, Manuela Gómez

Amanecía muy pronto
y las olas de la noche
dejaban peces globos
regados en la arena.

Yo sé que el agua
se secaba con el viento,
que la sal nos ponía
la piel tostada.

Y que la noche
una y redonda con el mar,
nos enseñó el verdadero
tamaño de los hombres.

Bajo ese cielo los miedos
se contaban rápido,
eran lindos como medusas
cerca de la orilla,
mamá dormía bien
entre las palmas
y todavía no empezaba
a olvidar.

Quiero quedarme ahí
aunque esté lejos,
así conozca
esa ternura
que no extraña
la vida como era.

Manuela Gómez (1985, Medellín) 

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