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Entierro de Guillermo Martínez, Alejandro Crotto 

Se activa el óvulo sembrado, alarga manos, piernas,

forma sus órganos, aumenta, afina rasgos,

y abre a la madre, nace, asoma su ojo de varón al ruido,

se hace de dientes y palabras guaraníes,

alcanza rápido su máxima estatura, engendra

en otra dos que no prosperan y se va,

es veintiún años en la sierra cordobesa hachero,

crecen sus manos, célibe se encoge un poco y endurece

los ojos contra el sol, todo fajado por las hernias,

la cara más enorme cada vez con menos dientes, y recala

de cuidador del campo familiar de veraneo

en la casa ermitaña del arroyo entre espinillos,

y en verano porteños de cambiantes estaturas

lo buscan fascinados, y él se ríe, les traduce

un poco el guaraní, les da del guiso de cotorras

que come tras cazarlas con gomera y piedrecitas

-el índice doblado y el pulgar hacen la horqueta-

puesto con naturalidad tan fácil en el mundo,

con toda la verdad de su gastado cuerpo, y cede

ayer, queda sentado bajo el sauce con los ojos

opacos que ven lejos, y no hay nadie

a quien avisar nada, y ahora le damos tierra,

acostado y envuelto en arpillera hasta los hombros

entre el zumbido azul del sol al mediodía,

sembrado a su creciente eternidad.

Alejandro Crotto (ARGENTINA, 1978)

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Juegos, Manuela Gómez

Sobre la cama está todo listo:

De un lado los héroes

al frente los villanos.

El niño levanta el que más le gusta

una pantera con cuerpo de hombre

y hace que hable

que prevenga a los otros

de una posible batalla,

después tose

(el niño tiene gripa)

antes que la realidad

interrumpa demasiado

dice

en el juego mi tos no existe.

 

La mamá admira con qué facilidad

el niño desaparece lo que no conviene.

Y a ella,

cuánto le cuesta ocultar

-a veces-,

en los juegos,

el miedo

el vacío

la escasa

esperanza.

***

Manuela Gómez, 1985, Medellín. Es poeta y docente universitaria.

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40, Helí Ramírez

Aquí estoy estirado

en la cama

contemplando el vestido de tu sermón semana santa

destino cama

aire de pinturas

pelo desnudo

la voz penetra en los huesos de madera

ha roto la última pared de vidrio en mi corazón

las imágenes son tremendas frutas

locura:

se ilumina la vista

aparecen voces esperanzada con

las plazas abiertas cual tal

aguacate al almuerzo

alzo un pie

el pie me hace pensar

que soy común

a tu técnica coja oh civilización

en estos momentos en las

avenidas las gentes pasan conversan

se estrujan

no ha de faltar uno que busque

p donde ir

por las avenidas.

***

Helí Ramírez, República Independiente de Castilla, Medellín (Colombia), 1948. Poeta.

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Diego Bonnefoi, Mariano Blatt

 


Mataron a un pibe por la espalda en Bariloche
Mataron a un pibe por la espalda en Bariloche
Que se llamaba Diego Bonnefoi
Que se llamaba Diego Bonnefoi
Que se llamaba Diego Bonnefoi
Pero la vida sigue igual
Pero la vida sigue igual
Pero la vida sigue igual
Te compraste zapatillas nuevas
Te compraste zapatillas nuevas
Te compraste zapatillas nuevas
Ese es un hecho de la realidad
Ese es un hecho de la realidad
Ese es un hecho de la realidad
A lo mejor algún día
A lo mejor algún día
A lo mejor algún día
Diego Bonnefoi vuelva en formato de música electrónica
Diego Bonnefoi vuelva en formato de música electrónica
Diego Bonnefoi vuelva en formato de música electrónica
Y en las pistas en sótanos de todo el mundo
Y en las pistas en sótanos de todo el mundo
Y en las pistas en sótanos de todo el mundo
Los pibes levantamos las manos
Los pibes levantamos las manos
Los pibes levantamos las manos
Los que tomaron éxtasis
Los que tomaron éxtasis
Los que tomaron éxtasis
Que levanten las manos
Que levanten las manos
Que levanten las manos
En memoria de Diego Bonndefoi
En memoria de Diego Bonndefoi
En memoria de Diego Bonndefoi
En tributo a su espalda
En tributo a su espalda
En tributo a su espalda
Por eso también bailamos
Por eso también bailamos
Por eso también bailamos
Y en todo el mundo hay un montón de pibes
Y en todo el mundo hay un montón de pibes
Y en todo el mundo hay un montón de pibes
Que no bailan para salir en la foto
Que no bailan para salir en la foto
Que no bailan para salir en la foto
Bailan para que mañana
Bailan para que mañana
Bailan para que mañana
A la mañana salga el sol radiante
A la mañana salga el sol radiante
A la mañana salga el sol radiante
Si es posible y si eso no es posible
Si es posible y si eso no es posible
Si es posible y si eso no es posible
Que no haya en este mundo
Que no haya en este mundo
Que no haya en este mundo
Nunca más
Nunca más
Nunca más
Cosas imposibles
Cosas imposibles
Cosas imposibles
Que no haya en este mundo
Que no haya en este mundo
Que no haya en este mundo
Y que no haya en ese mundo
Y que no haya en ese mundo
Y que no haya en ese mundo
Nunca más una cordillera
Nunca más una cordillera
Nunca más una cordillera
De Los Andes que sólo haya
De Los Andes que sólo haya
De Los Andes que sólo haya
Hechos de la realidad
Hechos de la realidad
Hechos de la realidad
Sucedidos unos atrás de otros
Sucedidos unos atrás de otros
Sucedidos unos atrás de otros
Y la espalda de Diego Bonnefoi
Y la espalda de Diego Bonnefoi
Y la espalda de Diego Bonnefoi
Esté ahora también
Esté ahora también
Esté ahora también
Corriendo a la intemperie
Corriendo a la intemperie
Corriendo a la intemperie
Bajo este sol radiante
Bajo este sol radiante
Bajo este sol radiante
Flores en la ladera de la primavera
Flores en la ladera de la primavera
Flores en la ladera de la primavera  
 
Mariano Blatt nació el 21 de septiembre de 1983. Es poeta y editor, responsable de la editorial independiente Blatt y Ríos.  
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Emilio, Mariana Suozzo

 

I

Siempre te veo quieto en la puerta del negocio

contemplando la nada o los galpones comerciales

donde no sucede otra cosa que el trabajo

 

tu ocupación gira entorno al movimiento del barrio

aunque por acá sólo vivan viejos que tienen perritos, gatos

o alguna hija también entrada en años

 

la fachada de tu local se enfrenta a la mía

nos separa una calle que es transitada

por micros que van y vienen a Paraguay

 

a veces estás parado en la puerta

al mismo tiempo en que yo me asomo

a ver si algo finalmente sucede.

 

 

II 

Mi circunstancia es peor que la tuya

debo permanecer detrás de una reja

 

que pusimos para protegernos

de los chicos que roban en el barrio

 

tu local tiene una vidriera polvorienta

y un recibidor del que salís haciéndole facha

 

a la chica que todos los días te trae el almuerzo

y también a las paraguayas recién llegadas

que duermen en el local de la esquina.

 

 

III

Durante los últimos meses

en que la situación laboral es realmente mala

y los dos tenemos mucho menos trabajo que antes

 

coincidimos en la puerta bastante seguido

después de algunas horas de leve movimiento

comienzan a llegar los micros a la terminal

 

pero a veces doblan tan rápido la esquina

que ni siquiera podemos mirar

los pasajeros que viajan adentro

 

nuestras figuras aparecen dibujadas

en las ventanillas de los colectivos que pasan con prisa,

funcionan como una especie de espejo empañado

en el que nos vemos reflejados de un lado y otro de la vereda.

 

 

IV

Mi negocio de auto-partes consta de una oficina

y un galpón comercial que abre su persiana a la calle

allí dentro alojamos las piezas de los automóviles

 

en estanterías de metal, a veces subimos la cortina

hasta la mitad para que por la abertura ingrese el sol

cualquier agujero es mejor que la oscuridad del encierro

 

los sábados el trabajo todavía es mas tranquilo

yo solamente debo esperar hasta el mediodía

para que regrese la camioneta de realizar las entregas

 

ahí es cuándo te observo, parado en el umbral

a tu edad yo preferiría recibir una jubilación

y estar en mi casa disfrutando la tranquilidad del hogar

 

pero venís a trabajar igual aunque todos comenten

que plata no necesitás, tenés una casa hermosa

y siempre andas cambiando el coche por uno más nuevo.

 

 

Esta mañana cuando salí a la puerta

cruzaste la calle para conversar conmigo

y aprovechar que mi cuadra tiene más sol que la tuya

 

me querías contar algunas cosas de las palomas

que se hospedan en el árbol de la esquina

según la información que manejás

 

el nido es muy débil y esta allí hace dos años

fue construido de a poco con ramas muy finas

para incubar a los pequeños huevos blancos

 

la madre paloma es fácil de ver

porque tiene el cuerpo robusto y el pico delgado

esta semana tuvo familia por segunda vez

 

estabas muy contento por el nacimiento

hasta conservabas de recuerdo

los pedacitos rotos de la cáscara del huevo

 

el pichón que nació todavía se alimenta de sus padres

con una sustancia parecida a la leche por estos días

pesa un poco más de quince gramos y te están dando

 

muchas ganas de ponerle de nombre Emilio.

***

Mariana Suozzo, 1982, San justo, Buenos Aires

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TRABAJAN TANTO LOS CARPINTEROS DE ATAÚDES EN MI PAÍS, Robinson Quintero Ossa

 

A mañana y tarde

en día laboral y festivo

sin vísperas

miden

trazan

cortan

Sin importar para quién

sin importar si es el propio

cofres lisos

unos

y ásperos

otros

Como peones al mando

del más severo Señor

taponan

pulen

empañetan

a prisa

En las noches oímos

sus garlopas que alisan

tabla a tabla

sus martillos que oprimen

clavo

a clavo

Con las manos llenas de polvo

con los rostros sucios de aserrín

cantan:

¿son más los de arriba?

¿son más

los de abajo?

 

De sol a sol trabajan

los carpinteros de ataúdes

en mi país

Robinson Quintero Ossa, Nació en Caramanta, Colombia, en 1959.

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Bajo las estrellas del invierno, Héctor Viel Temperley

La liebre que una vez que yo miraba

atardecer —volaban los chimangos!—

salió del sol y se sentó a mirarme

El pájaro que una mañana

se posó exactamente sobre mi corazón

a una hora en que su cuerpo todavía

calentaba la piel más que el sol

El pene entre mis dedos de ese enfermo

al que ayudé a orinar mientras marchábamos

lentamente una noche a un hospital

cruzando playas de estacionamiento

La perra que buscaba a mi pene en la sombra

cada vez que salía para orinar desnudo

mirando las estrellas del invierno

antes de regresar corriendo hasta el colchón

iluminado por el fuego que ardía toda la noche

en los troncos que hachaba con mi hacha todo el día

La mujer que pedía serenamente auxilio

agitando los brazos y volviendo a nadar

en las primeras horas de una tarde pesada

en que yo con el pan en el estómago

no encontraba a otro hombre en las orillas

Y todos los metros que nadé por el mar

sin ver jamás a la terrible aleta

Y mi alegría de noche en las ramas de un árbol

oyendo tangos en mi adolescencia

Y mis siestas sentado junto al cajón de un muerto

descansando en la digna frescura de una bóveda

del verano porteño que nos había humillado

Hablo de todas las horas y de todos los días

y de todas las estaciones y de todos los años

Pero la liebre que una vez que estaba solo

se ubicó exactamente entre el sol y mis ojos

guardando exactamente la distancia

que guarda un ángel que visita a un hombre…

Y el pájaro que un día

se posó exactamente sobre mi corazón

lo que es igual a recibir de un golpe

el propio corazón en el lugar exacto

el único lugar del universo

donde es una victoria recibirlo…

Y la perra que se acercaba agitando la cola

cada vez que volvíamos a encontrarnos desnudos

y solos bajo el cielo del oeste…

En fin…

Brillan los miles de ojos que me miran

Brillan las estrellas del oeste en invierno

Sobre la borda del colchón iluminada por las llamas

me siento arreglo el fuego

leo diarios viejos mientras mi sombra crece

Son las tres de la tarde en el reloj

que después del almuerzo se detiene

La noche es larga

Toda la noche sopla el viento

Mi muslo brilla con la saliva de la perra

o entre las piernas de una mujer de buen carácter

desnuda alegre dormida satisfecha

Vuelvo a despertarme cuando quiero

Vuelvo a salir al frío y a orinar nuevamente

porque estas noches bebo mucha agua

El fuego hace sudar al que lo cuida

En fin…

Hice orinar a un hombre

Salvé del mar a una mujer lejana

Y sé que puedo recordar algunos otros

actos de más amor de más coraje

En fin…

Pienso en todas las horas pienso en todos los días

pienso en todos los años sin encontrar mi imagen

Pero una liebre un pájaro una perra

me miraron a los ojos al corazón al sexo

como creo que sólo me miró también el mar

una madrugada de verano en que vagaba

con una pistola en el puño sin tener dónde afeitarme.

Héctor Viel Temperley, Buenos Aires, 1933-1987

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